Destilados mexicanos: más allá del tequila y el mezcal

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Tequila a la izquierda, mezcal a la derecha. Eso es lo que la mayoría de los anfitriones pone sobre la mesa cuando quieren impresionar. Pero México tiene una despensa de destilados que va mucho más allá de esos dos, y conocerlos no solo te hace quedar bien con tus invitados —te convierte en la persona más interesante de la reunión. Aquí están los destilados mexicanos que todo buen anfitrión debería tener en su radar (y de ser posible, en su barra).

Raicilla: el destilado que el mundo apenas está descubriendo

La raicilla es un destilado de agave producido principalmente en la Sierra Madre Occidental de Jalisco y en la costa del mismo estado. Durante siglos fue considerada una bebida regional, casi clandestina, que vivía a la sombra del tequila porque se producía fuera de los estrictos límites de la denominación de origen. Eso cambió en 2019, cuando la raicilla obtuvo su propia Denominación de Origen reconocida por el IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial).

Lo que la distingue del mezcal —con quien se le confunde frecuentemente— es la variedad de agave utilizada. La raicilla se elabora con especies como el Agave maximiliana (lechuguilla) o el Agave inaequidens, y dependiendo de si viene de la sierra o de la costa, su perfil de sabor cambia radicalmente: las versiones serranas son más herbales y terrosas, mientras que las costeras tienden a ser más tropicales y fermentadas. Marcas como La Venenosa y Estancia Sotol han ayudado a llevar este destilado a bares de primer nivel en Ciudad de México y en el extranjero.

Si ya sabes cómo servir el mezcal sin sonar a turista, la raicilla es tu siguiente paso natural. Sírvela en un caballito de barro o en copita, a temperatura ambiente, sin hielo. Nada de shots.

Sotol: el destilado del desierto chihuahuense

El sotol no viene del agave. Ese es el primer dato que tienes que tener listo cuando alguien en tu reunión lo confunda con el mezcal. Se destila a partir de la planta Dasylirion wheeleri, conocida localmente como “sotol” o “sereque”, una especie que crece en los estados de Chihuahua, Durango y Coahuila, los tres únicos territorios que abarca su denominación de origen, reconocida en 2002.

La producción artesanal del sotol implica extraer el corazón de la planta, cocerlo en hornos de tierra o de mampostería, fermentarlo de manera natural y destilarlo en alambiques de cobre o en ollas de barro. El resultado es un destilado que puede ser terroso, con notas de mineral, hierba seca y a veces con un leve toque ahumado, aunque menos pronunciado que el mezcal.

Productores como Hacienda de Chihuahua y Don Cuco son referencias accesibles para quien quiere iniciarse. Para una experiencia más artesanal, busca producciones de Flor del Desierto o Wahaka Sotol. Este destilado está ganando presencia en bares de coctelería de autor en México y en Estados Unidos, lo que lo hace una apuesta segura para impresionar a invitados con cierta cultura en bebidas.

Charanda: el ron michoacano que pocos conocen

Si alguien te dice que México no tiene tradición ronera, puedes corregirlo con una sola palabra: charanda. Este destilado de caña de azúcar se produce exclusivamente en el municipio de Uruapan, Michoacán, y cuenta con denominación de origen desde 2003. Es considerado el único ron con denominación de origen de México, aunque técnicamente en la normativa local se clasifica como “aguardiente de caña”.

Lo que diferencia a la charanda de otros rones latinoamericanos es su materia prima: se puede elaborar tanto con jugo fresco de caña (guarapo) como con piloncillo o miel de caña, lo que genera perfiles de sabor distintos. Las versiones jóvenes tienen una presencia vegetal y algo dulce; las añejadas en barrica adquieren notas de vainilla, caramelo y especias.

Marcas como Uruapan Charanda son las más representativas y accesibles del mercado. Si quieres integrarla a tu mesa de anfitrión, funciona muy bien en cócteles tropicales o como sustituto del ron en un mojito. También marida sorprendentemente bien con frutas tropicales y botanas dulce-saladas, algo que puedes explorar si ya tienes experiencia armando una mesa de centro bien pensada para tus reuniones.

Bacanora: el destilado prohibido de Sonora

El bacanora tiene una historia que ningún otro destilado mexicano puede presumir: estuvo prohibido durante 77 años. Desde 1915 hasta 1992, producirlo o venderlo en Sonora era un delito. Eso no detuvo a los serranos sonorenses, que siguieron destilándolo de manera clandestina en la Sierra de Sonora usando principalmente el Agave angustifolia (pacifica o bacanora).

En 2000 obtuvo su denominación de origen, limitada a 35 municipios del estado de Sonora. Su perfil es similar al del mezcal, con notas ahumadas, herbales y minerales, pero con una personalidad propia que los productores sonorenses defienden con orgullo. La producción es completamente artesanal: cocción en hornos de tierra, fermentación en barricas de madera o pieles de animal, y destilación en alambiques de cobre.

Marcas como Rancho Tepúa y Cielo Rojo son referencias sólidas. El bacanora está comenzando a aparecer en las cartas de mezcalerías y bares de autor en CDMX, lo que lo convierte en uno de esos destilados que todavía tienes tiempo de conocer antes de que se pongan de moda y suban de precio. Si ya exploraste las bebidas mexicanas que van más allá de la michelada, el bacanora es un salto lógico y emocionante.

Destilados de agave sin denominación: el universo de los “otros mezcales”

Hay decenas de destilados de agave que no entran en ninguna de las denominaciones de origen existentes —ni tequila, ni mezcal, ni raicilla, ni bacanora— porque se producen en zonas no contempladas por las normas oficiales o porque sus productores han decidido no someterse a la certificación. En el mercado se les conoce como “destilados de agave”, y su mundo es enorme.

Algunos ejemplos notables:

  • Comiteco: destilado de maguey pulquero producido en Comitán, Chiapas. Es uno de los destilados más antiguos de México.
  • Tuxca: producido en Jalisco con Agave duplicata o tuxcaeña, en la zona de Tuxcacuesco. De perfil intenso y ahumado.
  • Pechuga de Oaxaca: no es una variedad de destilado en sí, sino una técnica de tercera destilación con frutas, especias y piezas de carne que se usa principalmente en mezcal, pero también en otros agaves de la región.
  • Agave de Guerrero: producido con Agave cupreata (papalometl), especialmente en los municipios de la Sierra de Guerrero. Muy apreciado por coleccionistas.

La Comisión Nacional Forestal y proyectos como In Situ trabajan para documentar y preservar estas expresiones antes de que desaparezcan por la presión comercial de las grandes industrias. Conocer estos destilados es, literalmente, preservar patrimonio.

Cómo armar una barra de destilados mexicanos para tu próxima reunión

No necesitas tenerlos todos. La clave está en la curaduría. Una barra bien pensada con tres o cuatro destilados mexicanos distintos —y la historia detrás de cada uno— vale más que una repisa llena de botellas sin contexto.

Algunas sugerencias prácticas:

  • Un destilado de agave artesanal: raicilla, bacanora o sotol. Escoge el que sea más difícil de conseguir en tu ciudad; eso ya es una declaración de intenciones.
  • Charanda o una buena botella de licor de café: el Kahlúa o el Licor de café de Veracruz para los que no quieren algo tan fuerte, pero sí algo mexicano.
  • Un tequila o mezcal de producción artesanal: no porque falte, sino porque es el punto de referencia que tus invitados necesitan para entender cómo se diferencian los demás.

Acompaña la barra con botanas que complementen los perfiles de sabor. Un sotol con notas minerales pide algo salado y crujiente; una raicilla costera aguanta perfectamente con aguachile o mariscos. Si quieres ideas concretas de qué poner sobre la mesa, en nuestra guía de botanas para maridar con bebidas de autor encontrarás combinaciones que funcionan sin complicarte la vida. Y si buscas llevar la experiencia un paso más allá, esta guía para el anfitrión estrella tiene todo lo que necesitas para recibir con clase.

El anfitrión que sabe de raicilla, bacanora y charanda no está presumiendo. Está contando la historia de un país que tiene mucho más que ofrecer que lo que cabe en una carta de bar estándar. Y esa historia, contada con una copa en la mano, es la mejor botana de todas.


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